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Publicado en "Abisa a los compañeros pronto",
San José de Costa Rica, 2000 .

 

                    I.- Elementos de la coyuntura
   
    1.- Existe un amplio consenso, que comprende incluso a tecnócratas de los organismos internacionales (CEPAL, Banco Mundial, por ejemplo) respecto a que la globalización bajo dirección ideológica neoliberal desencadenada en la década de los ochenta refuerza la producción de pobres y excluidos en las sociedades latinoamericanas y caribeñas al mismo tiempo que concentra y transnacionaliza el poder, el prestigio y la opulencia.
   
    2.- Tan importante como el anterior proceso objetivo de empobrecimiento y de concentración de riqueza, poder y prestigio es que la ideología dominante intenta imponer como pensamiento único la imagen de que no existe alternativa para el actual modelo económico y cultural.

    El efecto perverso que se busca con esta declaratoria es la muerte de la esperanza. La ideología neoliberal aborda este tema mediante una descalificación sistemática del sentimiento y pensamiento utópicos. Para vencer definitivamente, el neoliberalismo declara necesaria la muerte de la utopía.

    Socialmente, la muerte de la utopía tiene como efecto la multiplicación en América Latina y el Caribe de los circuitos de empobrecimiento sin esperanza. Ellos expresan una descomposición, una desagregación, que la dominación desea irreversible, del tejido social.

    En el mismo movimiento en que los grupos dominantes declaran muerta la utopía, proclaman que el régimen democrático es únicamente una forma de elegir gobernantes y no un estilo de vida fundado en el empoderamiento de la participación humana y ciudadana de la población solidaria con un emprendimiento colectivo de existencia. Con la legitimación de una práctica reductiva y empobrecida del régimen democrático se desea que la población acepte estas democracias restrictivas y antipopulares como la única posibilidad de gobierno (connducción) frente a las dictaduras militares o las guerras internas. Con el abierto descrédito de un régimen democrático que no atiende los desafíos y deudas sociales y su abierta utilización para el dominio de una minoría muchas veces cínica (México, Chile, Costa Rica, por ejemplo) se busca también desesperanzar a la población llevándola al abstencionismo y a marginarse de los ámbitos públicos donde debería resolverse el emprendimiento colectivo.

    Las fuerzas que empujan estos procesos económico-sociales, políticos y simbólicos de desmovilización, precarización y fragmentación del tejido social son nacionales e internacionales. En nuestros países, los gobiernos administran los intereses globales de una neoligarquía altamente subordinada al capital transnacional con el apoyo de los principales medios masivos de información, grupos tecnocráticos, sectores medios y la complicidad, muchas veces por ignorancia, de sectores de las iglesias. El Estado ‘nacional’ en América Latina y el Caribe se ha convertido en un factor, rara vez el más importante, de una constelación de poder internacionalizado (FMI, Banco Mundial, BID, OMC, OCDE) y transnacionalizado (monopolios y oligopolios con dominio del capital financiero y especulativo).

    La más reciente y perversa iniciativa de este dominio de los opulentos y poderosos es el esfuerzo por imponer un Acuerdo Multilateral de Inversio-nes (AMI) mediante el cual se sancionarían jurídicamente privilegios para una mayor fluidez del gran capital transnacional y se penaría cualquier esfuerzo por defender a los pueblos ante el saqueo transnacionalizado.
   
    3.- Desde hace ya algunos años se viene asistiendo, asimismo, al agrietamiento de la doctrina y el modelo de pensamiento único. El conocimiento de que las experiencias asiáticas (Corea, Taiwan, Malasia, etc.), valoradas como exitosas, no fueron administradas con criterios neoliberales, la constatación de que el mercado mundial no es libre sino que está controlado por monopolios y oligopolios transnacionales, los colapsos y corridas financieras que, en ausencia de control internacional efectivo, castigan a las economías a las que se ha forzado a no tomar medidas para evitar el contagio (como México), la evidencia de que el mero crecimiento económico, cuando se produce, no gesta mejores condiciones de vida para la mayoría de la población ni satisface las necesidades básicas de sectores significativos de ella, la intensificación de la producción masiva de pobreza en América Latina y el Caribe y los estallidos, resistencias y protestas sociales que han obligado a los gobiernos, desde 1989, a ocuparse puntual y focalizadamente de la pobreza y miseria, han desacreditado y debilitado al modelo neoliberal aunque él se continúe imponiendo a través de la dependencia que poseen las economías latinoamericanas respecto del crédito internacional.
   
    4.- Igualmente, el fallido intento por celebrar el V Centenario de la Conquista de América (1992) convocó a importantes sectores de la población latinoamericana y caribeña en torno a tareas de recuperación de sus raíces sociohistóricas y de una memoria de lucha. También la acentuación de las tensiones y desbalances internos que supone la presión de la deuda externa ha fortalecido la agitación y denuncia contra las prácticas de una globalización neoliberal que asfixia a las mayorías y sólo beneficia a los ya poderosos. De parecida manera, el crecimiento de una sensibilización ambiental que liga el deterioro de la Naturaleza con una economía política capitalista devastadora ha potenciado la gestación de un ecologismo radical que defiende la casa común de todos los seres humanos y construye redes que agitan las banderas de una necesaria transformaciòn fundamental de las prácticas que hoy determinan la acelerada reducción de la biodiversidad y conducen al planeta a la muerte. Estos procesos generalizados se han ligado en los diversos países y regiones con conflictividades y luchas populares más particularizadas, propias de sus circunstancias, renovando y ampliando las formas de organización y participación populares de un modo que ha facilitado la permanencia y revitalización de las utopías populares.

    Dentro de estos procesos de lucha resulta posible identificar a sectores y procesos que contribuyen, con distinto nivel y fuerza, a sostener y testi-moniar (comunicar) la esperanza:


    a) las movilizaciones de los pueblos profundos u originarios de América, con una alta combatividad en México y Ecuador;

    b) las luchas desplegadas por el ecologismo radical, que condensa y con-voca a los diversos movimientos ambientalistas que denuncian y combaten en distintos planos las causas de la destrucción de la Naturaleza;


    c) los movimientos campesinos por la tierra y por una cultura del trabajo con alto grado de organización y resonancia social, especialmente en Brasil;


    d) las luchas sociales de las mujeres, fortalecidas con la teoría de género (legitimidad de la diferencia/autoestima);


    e) las diversas formas de testimonio de resistencia de los jóvenes y creyentes antiidolátricos que buscan colaborar en la construcción de una nueva espiritualidad que los potencie para construir nuevas instituciones y lógicas sociales y también nuevas iglesias;


    f) los grupos que mantienen en toda América Latina su testimonio de defensa y promoción de los derechos humanos;


    g) los movimientos que luchan por gobiernos efectivamente democráticos en el marco de una cultura del empoderamiento y participación ciudadanos.
   
    Estas y otras luchas sociales dan testimonio de resistencia y esperanza y contribuyen a la redefinición del campo político en el que deben manifestarse tanto los actores populares más tradicionales (partidos, sindicatos, etc.) como los nuevos actores y movimientos sociales.

        Sumariamente considerada, entonces, la coyuntura de la transición entre siglos destaca para nuestros pueblos:

        a) la tenacidad de las neoligarquías, del gran capital transnacional y de los organismos internacionales para proseguir imponiendo el modelo de globalización con administración neoliberal en contra del cada vez más intenso rechazo de la mayoría;

        b) el surgimiento, desde el rechazo y la resistencia populares, de prácticas y alternativas de vida contra el modelo de muerte que intenta sostener y ampliar en el hemisferio el gran capital transnacional y monopólico.

        El dominio de una globalización neoliberal determina, por tanto, un período de expectativas de existencia y vida brutalmente frustradas y precarizadas que, por ello, constituyen el fundamento socioético y sociopolítico de múltiples oposiciones, resistencias, proyectos y esperanzas en el marco de una cultura de autorrealización, autoestima y vida.