Indice de artículos

 El texto recoge  los contenidos básicos de los trabajos
"Siglo XXI: Militar en la izquierda" y "Siglo XXI: Producir un mundo"
que fueron publicados como  discusiones amplias en libros extensos.

 

    Presentación 

 

    Estas notas plantean conceptualmente los contenidos básicos de los trabajos Siglo XXI: Militar en la izquierda y Siglo XXI: Producir un mundo que fueron editados bajo la forma de discusiones amplias y como libros extensos. Las notas omiten las discusiones y se presentan como indicativas, aunque sostienen igualmente su carácter de propuesta en o para un diálogo.

    Como en otros textos, la expresión ‘América Latina’ tiene sentido exclusivamente en un fuerte nivel de abstracción. Para todos los efectos no se pueden seguir de estas notas ‘recetas’ para analizar las situaciones políticas específicas de países o regiones del subcontinente. Asimismo, las referencias a algunos procesos particulares deben entenderse como ilustraciones de conceptos, no como análisis sociohistórico y político.

    Se presentan aquí las siguientes cuestiones: la izquierda política es propia de las sociedades modernas y expresa una actitud (testimonio) y no una mera posición o un lugar en un espectro (derecha-centro izquierda). La izquierda latinoamericana es necesariamente radical o revolucionaria sin que ello prejuzgue su carácter parlamentario o político-militar. Las izquierdas latinoamericanas ya no pueden comportarse como lo hicieron durante el siglo XX. Finalmente, se observa que la puesta de atención en los movimientos sociales y en las lógicas institucionales supone una izquierda que, sin renunciar a la urgencia de los ritmos electorales o del trabajo insurreccional ubica estos procesos en el campo más denso y básico de una necesaria transformación de la cultura política popular.

    Izquierda política y modernidad

    La izquierda política nace con las sociedades modernas, con independencia de que en el pasado medieval o antiguo hayan existido posiciones que puedan ser considerados “progresistas” en relación con el sistema de dominación imperante. Así, rebeliones de esclavos o de campesinos pueden considerarse populares o clasistas, pero no de izquierda. Para que exista ‘izquierda politica’ es imprescindible una sensibilidad que promueve la autoproducción humana (del hábitat humano) y la convicción, derivada de ella, de que los colectivos humanos, en tanto se organizan como fuerzas sociales, pueden incidir liberadoramente sobre las lógicas estructurales de dominación/sujeción reinantes y transformar gratificadoramente sus instituciones. Esta sensibilidad y convicción de libertad, liberación y felicidad es propia de las sociedades modernas o de la modernidad.

    El planteamiento anterior supone que la izquierda política no es un lugar en un continuo de fuerzas o partidos (izquierda-derecha-centro) ni se constituye mediante un enfrentamiento de posiciones (izquierda//derecha) respecto de cuestiones como la reforma agraria, o el carácter del Estado y la lucha de clases. La izquierda es básicamente una actitud hacia el mundo o, más apropiadamente, en el mundo, desde y con el mundo. Por ello puede existir ‘izquierda’ sin derecha o sin centro. Las sociedades modernas no pueden, en cambio, pensarse sin izquierda. ‘Izquierda política’ es el nombre propio de una actitud no politicista (o sea que no escinde la sociedad en ámbitos relativamente estancos, como el público y privado, y privilegia en ellos al Estado como referente exclusivo de la acción política) orientada a que en todas las instituciones sociales (trabajo, familia, gobierno, cultura) dominen lógicas que promuevan la autonomía y la autoestima de los sujetos humanos que las constituyen o son involucrados en ellas. La izquierda es indispensable en sociedades que promueven la autoproducción humana y dicen querer, como tendencia, potenciar a cada cual para que asuma su individualidad como autocreación libre aun cuando ello se de en entornos sobre los cuales no se está en control enteramente.

    La izquierda política es por tanto una producción necesaria de la sociedad moderna. Su actitud es inevitablemente crítica (debe pensar sus entornos y también pensarse) y holística, aunque no orgánica, y debe darse la forma organizacional que potencie estos caracteres. El mundo natural-social para la o las izquierdas es algo que debe ser producido (constituido, cambiado, orientado) en un sentido liberador. Las fuerzas que hicieron emerger la sociedad moderna prometieron  liberar a los seres humanos de la escasez mediante la tecnología y ciencia aplicadas al proceso productivo y eliminar o remover toda autoridad, no consentida o meramente funcional, exterior al libre arbitrio del individuo-social (autonomía, autoestima). Por supuesto, su articulación burguesa o capitalista no ha cumplido esas promesas. Pero ello no implica que liberación de la escasez (o su reposicionamiento mediante otra comprensión y práctica de la economía política) y de la ignorancia o la autonomía (integración personal), prolongada como autoestima individual y social, no constituyan referencias de liberación. Una práctica es liberadora si amplía para los individuos y grupos un repertorio determinado de opciones  y apodera la voluntad social e individual para seleccionar (discernir) gratificadoramente y con alcance universal entre ellas.

    Que todas las hembras estén unilateralmente al alcance del deseo masculino para penetrarlas materialmente (una imagen del marqués de Sade) no es liberador y, por ello, no puede considerarse de izquierda. No es liberador porque no puede universalizarse (discrimina) y porque en lugar de ampliar el repertorio de comportamientos sexuales (libidinales) gratificadores, los reduce. Aunque violar sexualmente a mujeres o varones es una acción humana (protagonizada por individuos de la especie), no produce género humano o humanidad. Las actitudes y testimonios de izquierda empoderan lógicas que buscan producir humanidad. Critican, por tanto, todas las instituciones y lógicas sociales estructurales y situacionales que impiden la producción de humanidad, aunque ellas faciliten acciones humanas.

    La relación salarial, por dar otro ejemplo, no produce humanidad porque tiende a transformar al asalariado en cosa u objeto: la fuerza de trabajo. Así,  la masa de asalariados se encuentra negada para producir humanidad en tanto asalariada. Podría producir humanidad sólo fuera de la relación salarial que la constituye y subordina. Este último planteamiento no es factible para la experiencia humana determinada por la organización capitalista de la existencia. El control burocrático de la existencia, corporativo o socialista, como lo muestran quienes sufren sus procesos en las obras de Kafka, no potencia a los seres humanos para producir humanidad (libre, autogratificante) y más bien destruye su capacidad subjetiva para resistir los imperios/sujeciones de lógicas institucionalizadas, o sea despersonalizadas. Así como el acoso y violación generalizado de las hembras imaginado por el marqués de Sade no genera humanidad porque victimiza estructuralmente a más de la mitad de la especie, la relación salarial tampoco la produce porque, con independencia de sus determinaciones materiales inmediatas, contribuye a una sensibilidad que tiende a reposicionar las relaciones sociales como ‘cosas’ (objetos) determinados por la fragmentadora trama de hierro del tráfico mercantil. Los seres humanos posicionados como ‘cosas’ desajustadas no están en condiciones objetivas ni subjetivas de autoproducir su humanidad.

    La noción de ‘autoproducción de humanidad’ remite a un proceso abierto. La humanidad  no es algo que se tenga por el hecho de nacer con los caracteres de la especie, es un referente sociocultural que debe ser producido o construido y su producción no constituye un progreso lineal, o sea sin rupturas, tensiones ni reversiones. El concepto de ‘humanidad’ es una noción abierta que recoge y designa ‘experiencias de humanidad’, o sea prácticas (acciones, instituciones) de liberación. Las experiencias de liberación solo pueden ser leídas sociohistóricamente, no constituyen humanidad por sí mismas. La izquierda política se compromete con la producción de humanidad en el marco de las sociedades modernas. Por ello su actitud y testimonio resultan indispensables para que en ellas los seres humanos sean, es decir se autoproduzcan procesualmente como tales.