Universidad Omega,
N° 40, septiembre 2017.

  

   Un incidente infeliz con ocasión de un juego de fútbol profesional (o sea un espectáculo que, se supone, deja ganancias a alguien o a algo) hace que La Nación S.A. use términos editoriales fuertes para enjuiciar el suceso. Al más resaltado de los agresores lo califica de “salvaje”. Al ataque en cuadrilla lo determina como “brutalidad”. La concurrencia de factores que potenciaron esta ‘salvaje brutalidad’ resulta una “extraordinaria estupidez” (LN: 30/8/17). Una observación inicial. Si el principal agresor (arrojó una enorme piedra sobre alguien antes caído por la golpiza) es determinado como ‘salvaje’, el lenguaje del periódico puede ser utilizado por los abogados de este individuo (si el asunto llega a los circuitos judiciales) porque entre los alcances en idioma español de ‘salvaje’ se encuentran los de ‘primitivo’ (no civilizado) y de ‘ajeno a las normas sociales’. Al contrario de estos giros, aquí se considera al agresor un ‘ciudadano’ costarricense que actúa de un modo que ha de  ser calificado y sancionado en los circuitos judiciales. Signarlo de ‘salvaje’ podría dejarle fuera de sanción como delincuente. Cautelas que se ha de tener al ejercer una función pública, como el periodismo.

   Sin embargo este artículo se ocupa principalmente de la fórmula “extraordinaria estupidez” para determinar la concurrencia de factores que propiciaron la agresión contra un ciudadano por parte de otro ciudadano. Esta estupidez (algo contrario a la inteligencia entendida  a la vez como discernimiento y como capacidad práctica de enfrentar problemas), según el editorial, sería compartida por la Unión de Clubes de Fútbol de Primera División, la Fuerza Pública y el orden jurídico costarricense y, más distantemente, por la FIFA en cuyos protocolos se centró el club responsable de realizar un juego en condiciones que la Fuerza Pública (Ministerio de Seguridad) no aprobaba.

   No interesa en exceso el detalle, sino lo común en estos factores. La Unión de Clubes de Fútbol, La Fuerza Pública y el Ministerio del que dependen y los hinchas que agreden y los agredidos son ciudadanos costarricenses. Si se da algún extranjero, seguramente porta cédula de residencia y ello lo torna costarricense (con limitaciones legales). Lo único no-ciudadano-costarricense son los protocolos de la FIFA, pero su interpretación la hacen costarricenses.

   De aquí que leamos que la agresión la hace un ciudadano que agrede a otro ciudadano y que en ella concurren factores costarricenses que casi generan un muerto. Observamos así que tanto el incidente singular como lo que concurre para producirlo tienen como referente la ausencia de un ethos (lugar de identidad que lleva a la acción) ciudadano. El matón se muestra como un típico pachuco agresor y la Fuerza Pública y sus responsables como instancias desaprensivas con funcionarios que no distinguen entre forma y contenido de su deber (no dio seguridad al evento porque los dirigentes “deportivos” locales pagaban solo  105 guardias privados y ellos exigían 135). Los burócratas de FIFA son obviamente internacionales y no operan a distancia.  

   Ahora reparamos en que el periódico La Nación S.A. tampoco opera a distancia. Sus periodistas, accionistas y lectores resultan por abrumadora mayoría costarricenses. Pero, ¿educa en ciudadanía el periodismo que practica La Nación S.A.? Prácticas como mezclar línea editorial con información, consultar unilateralmente opiniones sobre eventos disputables, visualizar ‘enemigos’, no de la ciudadanía, sino de los negocios de los principales dueños del periódico para, como programa informativo, atacarlos con escandalosos refritos, día con día, no parecen receta ciudadana. Estilo y contenidos muestran que si se posee poder mediático los intereses de uno están “a salvo” y los de los ‘otros’ no-nunca. Y si el asunto se practica como monopolio o en alianza con otros medios poderosos, jamás se sentarán sobre estas prácticas responsabilidades ciudadanas. Las piedras pequeñas, medianas y grandes arrojadas todos los días sobre cráneos sin siquiera sombrero quedarán perpetuamente impunes.

   Uno querría que el socialmente producido como “pachuco agresor” (que día tras día deja muertos y víctimas en carreteras y hogares) sea jurídicamente castigado pero, sobre todo, deje de ser socialmente producido. El periodismo de La Nación S.A. podría solidarizar con esta última meta. Hoy no lo hace. Parece estimar que los días finales se cuentan solo para sus ‘enemigos’ y otros ‘disfuncionales’.
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   Conversación 

   Hernán (Costa Rica).- Considero exagerada y algo desquiciada la  asociación que usted realiza entre esa agresión brutal y el periodismo de La Nación. Este periodismo expresa una libertad de prensa y opinión de la que los costarricenses estamos orgullosos.

   HG.- Curiosamente al día siguiente de escribir este artículo en la sección de Deportes del periódico La Nación S.A. se publicó este otro "La punta del iceberg", del periodista señor Roberto García. Lo reproduzco a la letra porque con una salvedad coincide con mi enfoque básico:
   "Como la radiografía del cáncer que nos negamos a reconocer, la dura realidad nos golpea, sin que consigamos hacernos los desentendidos. Las cámaras de seguridad —entes que sí dicen la verdad en esta actualidad del cinismo y del “no me acuerdo”—, captaron con absoluta crudeza los hechos violentos acaecidos el domingo en las afueras del Estadio José Rafael Fello Meza.
   Igual que en 1969, cuando el conflicto armado que enfrentó a Honduras y El Salvador se mal llamó “la guerra del fútbol”, ahora también se pretende culpar exclusivamente al fútbol, y por ende al Cartaginés, de semejante espectáculo entre pachucos disfrazados —¡cuánta deshonra!—con los colores de dos entidades de casta y tradición; léase Cartaginés y Herediano.

   Reconozcámoslo. Hemos tocado el fondo. Porque si de verdad fuera el fútbol el causante de la violencia, la solución sería relativamente fácil de abordar, pues bastaría con eliminar las tales barras bravas y asunto concluido. Pero no. Lo que vimos fue una muestra más de la vulgaridad, un plano general del despeñadero en el que nos precipitamos desde hace rato. Porque lo que sucedió a la luz del día en la calle de un barrio decente, como miles en el territorio nacional, es la metástasis que se ha extendido a todos los estratos de la sociedad costarricense.
   Sin contención moral ni espiritual, sin redes de sana convivencia, la intolerancia se manifiesta dentro y fuera de la cancha. Salimos en las mañanas a cocinar el día con la ilusión que canta Serrat, para retornar vapuleados por la ley de la selva en calles y avenidas, en las rotondas, en los barrios bonitos y en los barrios feos, intramuros en residencias de lujo y en covachas de los precarios. Es el terror que nos asfixia, 24/7, en la oscuridad y a pleno sol.
   Disculpe que en esta ocasión no podamos evocar épocas de gloria en el deporte, ni tomarle el pulso al campeonato de fútbol o a la eliminatoria mundialista, como acostumbramos en esta tribuna de libre opinión. Por ahora, nos corresponde hundir el dedo en la llaga adaptando, a modo de espejo y ejemplo, una conocida expresión, escrita hace muchísimos años por el mexicano Nemesio García, sobre la realidad y el destino de su tierra: Pobre Costa Rica, tan lejos de Dios… Y tan cerca de la barbarie". (actualizado el 1° de septiembre del 2017).

    Resalto parte de un párrafo del artículo del periodista: "Porque si de verdad fuera el fútbol el causante de la violencia, la solución sería relativamente fácil de abordar, pues bastaría con eliminar las tales barras bravas y asunto concluido. Pero no. Lo que vimos fue una muestra más de la vulgaridad, un plano general del despeñadero en el que nos precipitamos desde hace rato". Lo que lo distancia mi artículo del suyo es que el mío asocia el "despeñadero en el que nos precipitamos hace rato" con el periodismo que practica La Nación S.A. No digo que sea la causa. Digo que colabora con ella. Además la expresa en su nivel. Eso es todo. Ahora, el señor García y yo podemos estar enteramente equivocados. Pero tenemos derecho a expresar esta opinión sin que se nos tilde de "desquiciados".

   Marta, Horacio (Costa Rica).- No calificaríamos la opinión como desquiciada, pero sí exagerada y gratuita. No viene al caso la comparación. Y los delincuentes que se hacen pasar por hinchas de fútbol son eso, delincuentes.

   HG.- Gracias por opinar. El tema de fondo de mi artículo, que pasa por el papel del periodismo en Costa Rica, es que todos somos de alguna manera responsables por la producción de este tipo de agresores y otras formas de automutilación y agresión. Lo atribuyo a una ausencia de ethos ciudadano. En esta oportunidad tengo suerte porque en la misma La Nación S.A. otro articulista constante, Jacques Sagot, coincide con mi enfoque básico y lo ratifica, aunque parece discrepar. Su texto apareció el 3 de septiembre (2017) en la Sección de Deportes del periódico que se ha mencionado y tienecomo título "No llegamos ni al paleolítico". Dice así:

   "Decir que nuestro fútbol regresó al paleolítico —la edad de piedra— es insultar a los cavernícolas que recorrieron los caminos de la tierra hace dos millones de años. Porque estos pacíficos homínidos usaban la piedra para moler granos, macerar la carne y cazar mamuts. No la empleaban a guisa de proyectil, para agredirse unos a otros. Nosotros hemos involucionado a una era pre-paleolítica.

Las barras belicosas son el producto de los siguientes factores: 1-la miseria extrema; 2-la consecuente marginación social de los grupos más menesterosos; 3-el acceso fácil al alcohol, las drogas y las armas (¡y recordemos que arma puede ser casi cualquier cosa!); 4-las políticas educativas del país, que han fracasado en inculcar a los estudiantes el primerísimo de los valores: el respeto a la integridad psico-física del otro; 5-venenos ideológicos como el racismo, la xenofobia o el sexismo; 6-ese tipo de vago malestar social generalizado, no correctamente formulado, de los ciudadanos con sus gobernantes: ello genera ira, y esa ira estalla en espacios acotados, como los estadios. El ciudadano se siente estafado, cree que le han tomado el pelo, o se da por directamente agredido.

Después de décadas de acumular este tipo de sentimientos, las barras bravas brotarán como un fenómeno sintomático de malestares mucho más profundos que la sanción o no sanción de un penal. Su efecto puede ser maremótico, y no es mucho lo que las fuerzas de seguridad pueden hacer, cuando una marejada de aficionados aplasta y asfixia a la otra contra una de las paredes del estadio. La policía tiende a ser eficaz afuera, pero no tanto en las grescas intra muros.

La imagen del rufián que aplasta la cabeza del aficionado caído, con una piedra lanzada con toda la fuerza de su brazo… la roca que cae sobre el rostro expuesto de la víctima… es un trauma colectivo del que jamás nos repondremos. Una visión infernal, algo que reemergerá en las más crispantes de nuestras pesadillas. Nuestra Fuerza Pública fue lenta, dubitativa y descoordinada. Pese al “blablá”, no veo tampoco que nuestros equipos estén realmente comprometidos con la erradicación de las barras. Fútbol para criminales, asesinos, sádicos y dementes. No quiero tener nada que ver con esta porquería".

   Por supuesto los detalles del razonamiento son diversos (Sagot se centra en el fútbol y sus "barras bravas" aunque entiende que lo que las produce es la concurrencia de otros factores, que incluyen un "fracaso" en el campo educativo y aquí hay que recordar que tanto la sociedad como el aula "educan"), pero lo que marca su distancia respecto de mi opinión es su línea final: ¡No quiero tener nada que ver con esta porquería! Lo que afirma mi artículo es que todos tenemos que ver con esta porquería. Y este "todos" incluye a los medios periodísticos y si se quiere a Hollywood y a la Coca Cola o Burger King. Solo que estos últimos tres no están por el momento a nuestro alcance. Costa Rica está relativamente a nuestro alcance. No querer aceptar que entre todos estamos arrojando esta pedrada quiere decir políticamente que nos contentamos con verla y condenarla o repudiarla. Si es asi, vendrán otras pedradas bajo distintas formas. Y las resentiremos. En este sentido la línea final del señor Sagot es legítima porque proclama una identificación personal, pero a la vez falsa porque no existe manera de evitar comprometerse con esta porquería. Si no la deseamos y nos conmueve negativa y radicalmente debemos entrarle colectivamente (o sea políticamente) a la miseria y opulencia extremas, el respeto a la integridad del otro (que pasa por no producir sistémicamente 'vulnerables', se trate de niños, mujeres, afrocostarricenses o 'nicas'), y también a repensar la manera en que elegimos a nuestros gobernantes, por hacer tres referencias, aunque desde un criterio distinto, a lo que menciona Sagot. La mejor manera de contribuir con lo que Sagot califica de "porquería" es sentir/pensar que nada tiene que ver con nosotros y nuestras producciones. Seguir roncando para ese lado resulta suicida.

   Carlo (Costa Rica).- Llevo leyendo sus reflexiones desde hace tiempo pero es la primera vez que participo en la conversación. Le agradezco el espacio de crítica y el poner a disposición sus cursos universitarios. Para mí, que estudio derecho y soy lector de autores del movimiento decolonial, resulta alentador encontrar un espacio en el que confluyen muchas ideas sobre América Latina con las que me siento identificado.
Su artículo suscitó en mí una duda respecto a una nota completamente distinta pero que creo puede mostrar la línea de La Nación. Tiene que ver con la desaparición de Santiago Maldonado en Argentina, noticia con la que supongo usted debe estar familiarizado. El diario ubicó la noticia en su sección "Nota curiosa" de su revista dominical para después realizar una modificación con la siguiente anotación: "Nota de la Redacción: El título de este artículo fue modificado a las 11 a. m. del 3 de setiembre del 2017 para eliminar el nombre de la sección, "La nota curiosa". "La nota curiosa" de Revista Dominical contiene noticias actuales sobre hechos relevantes en el mundo. En este caso en particular, no trata de minimizar los hechos relacionados con Santiago Maldonado ni la situación que enfrenta Argentina; ni mucho menos la indignación colectiva que despierta un desaparecido. La Revista Dominical se solidariza con el caso." (Tomado de: http://www.nacion.com/ocio/revista-dominical/Santiago-Maldonado-curiosa-MaldonadoRevista-Dominical_0_1656034388.html)

Pareciera que en la lectura inicial que realizaron algunas personas sensatas se mostró disconformidad con que la desaparición del joven argentino en una sección catalogada como Nota curiosa. Hice la rela cióncon su artículo porque resulta más que curioso la forma en que, efectivamente, La Nación, sobre los hechos acaecidos en Cartago, emplea un vocabulario que más bien fortalece la criminalización y prejuicios. Por otra parte, los diarios de mayor circulación en ese misma semana se hicieron eco con otro hecho violento: el de un hombre disparando al hijo de un panadero a quema ropa en su brazo debido a una disputa por la calidad del pan que le vendieron a la esposa del agresor. Mucha más sangre ha corrido en estos días, pero me parece fueron estas dos notas la más mediatizadas. Entre menos censura (mayor morbo) tenían los contenidos mayor circulación y espasmo en los lectores, al menos ese es mi punto de vista.
Tanto la lectura sobre los hechos ocurridos en Argentina como en nuestra local Cartago me generaron la inquietud: ¿ha desaparecido el periodismo crítico y no discriminador?, ¿cómo podemos como ciudadanos exigir una mejor información? Entiendo que tal vez la duda no esté planteada de la mejor forma y pueda ser muy amplia. Pero estimo que tal vez, y quizá respondiéndome a mí mismo la segunda pregunta, el hacer saber nuestras inquietudes pueda colaborar con la producción de una información más sana. Le envío un cordial saludo y espero que siga subiendo el excelente material a su página web Pensar América Latina.

   HG.- Carlo estimado: la noticia de la desaparición de Santiago Maldonado compromete al Estado argentino y con ello a su presidente Mauricio Macri. Se supone que este presidente está en el bando de los "buenos" mientras Estela Fernández de Kirchner o Nicolás Maduro lo hacen en el de los perversos degenerados y ruines. Por eso no se informa de los desafíos actuales de Argentina y se trivializa inicialmente la situación en que desaparece este joven argentino. Se trata de un error o inadvertencia inducida porque el "periodista" responsable tiene la obligación de militar en el bando de los "buenos". Si no lo hace, desaparece de la planilla de pagos. La rectificación pudo venir del reclamo de lectores o de algún jefe insospechable dentro del mismo periódico. Se hace uno insospechable si lame botas hasta en horas extra.


   En cuanto a sus preguntas, sí son amplias. Pero algo puede decirse. Lo que tiende a desaparecer es el antiguo periodista profesional. Se le ha transformado en transmisor de la línea editorial del medio. Y los medios suelen pertenecer a accionistas adinerados. Obviamente tienen intereses propios. Estos intereses antes se expresaban en la línea editorial. Ahora recorren todo el medio. Los principales sacrificados en sus derechos profesionales y humanos son los periodistas de a pie. En un país tan pequeño como Costa Rica, además, ser despedido de un medio como La Nación S.A. equivale muchas veces tener que emplearse en otra cosa. En distinto frente, las redes sociales con su gritería cercana a a la odiosidad más visceral presiona a los medios. El cine comercial, por ejemplo, hace lo mismo, pero con recursos que los bárbaros no poseen. A la propaganda en televisión le ocurre algo parecido. Para hacerse ver tiende a presentarse idiota. Lo idiota y visceral vende. O si no vende, hace presencia. La idea es que lectores y televidentes mayoritariamente son estúpidos y prejuiciosos y darles estupidez y confirmarles prejuicios permite manejarlos. La propaganda de Coca Cola de hace 15 años atrás solía ser conceptual. Ahora se centra en el consumo y la visualización de espectáculos (gente moviéndose). Kentucky Fried Chicken ofrece hartarse de alitas picante con poco dinero. Se trata de la "cultura del espectáculo". Si pago, tengo derecho a ver y comer cualquier estupidez o porquería y quedo satisfecho. Se trata de una sensibilidad mundial, pero resulta particularmente degradante en los países subdesarrollados dominados por neoligarquías que pueden contar con tecnócratas pero que son familiarmente estólidas, intelectual y emocionalmente. Como Trump.
   Es el mundo al que se debe resistir y contra el que se debe luchar. No existen recetas para resistir y luchar. Pero usted va bien: intenta sentir/discernir e imaginar un mundo distinto, alternativo. Hay que aprender a comunicar esto que usted siente, discierne e imagina. Pero receta estimo no existe.  De nuevo, gracias por escribirme. Olvidaba desear que Santiago Maldonado retorne con la gente que lo quiere sin secuelas de tortura. Y si se le da como definitivamente "desaparecido" que los responsables de su asesinato sean identificados, llevados  los circuitos judiciales y castigados ejemplarmente.