F-0039 Seminario Hinkelammert Emancipación y redención

EMANCIPACIÓN Y REDENCIÓN

1.- La extendida producción intelectual de Franz J. Hinkelammert (sus primeros libros en español son de 1970) admite reconocer en ella dos grandes campos temáticos. Uno se configura mediante el vínculo entre emancipación y redención. ‘Emancipación’ refiere a la socio-historia humana en cuanto marcada por luchas (políticas y culturales) de resistencia a las condiciones que impiden y rebajan la constitución de sujetos humanos y a las determinaciones de su transformación liberadora. ‘Redención’ remite a la salvación (de inspiración religiosa) trascendente o trascendental, o sea que rompe el límite de la muerte. En muchos lugares de su obra, Hinkelammert incorpora un lema: “Como en el cielo, así también en la tierra”. Resulta reversible: “Como en la tierra, así también en el cielo”. Puede traducirse así: que la trascendencia llene la inmanencia, o al menos la toque. Sería la encarnación de Jesús. Y su segunda expresión: Que la inmanencia resulte trascendente. Es el programa de humanización de la historia mediante la resistencia y la emancipación. También el programa de la corporeidad del Cielo: un gran Banquete. ¿Por la gracia… de dar la talla quizás?

1.1.- El segundo campo temático, al que no nos referiremos sino muy puntualmente en este seminario, es el de economía y teología, creado precisamente por Hinkelammert. Lo haremos mediante una lectura de su artículo “Economía y teología: las leyes del mercado y la fe”. [presente en al menos dos direcciones de Internet: http://www.pensamientocritico.info/index.php/articulos
-1/franz-hinkelammert1/economia-y-teologia-las-leyes-del-mercado-y-la-fe
Y https://www.google.com/search?q=Revista+Pasos+econom%C3%ADa+y+teolog%C3%ADa+las+leyes+del+mercado+y+lafe&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b].
Los campos no son, obvio, mutuamente excluyentes pero tienen sus singularidades.

2.- En su obra, Hinkelammert ha publicado al menos dos trabajos que contienen su propia descripción de su itinerario intelectual. El primero en el tiempo de ellos: “La maldición que pesa sobre la ley. Las raíces del pensamiento crítico en Pablo de Tarso” (2ª edic., 2013) es el eje de este seminario. En él Hinkelammert no habla directamente de sí pero establece su derrotero de pensador. El segundo, “Lo indispensable es inútil. Hacia una espiritualidad de la liberación” (2012), contiene la narración de su trayectoria humano-intelectual hecha por el mismo. Por eso, su lectura se recomienda. No será sin embargo objeto de estudio en este seminario.

3.- La segunda parte del título del libro del que se ocupa este seminario utiliza el giro “… las raíces del pensamiento crítico”. Hinkelammert no utiliza en este título la expresión ‘teoría crítica’, sino una referencia más genérica: ‘pensamiento’ crítico. ‘Pensamiento crítico’, podríamos encontrar, por ejemplo, en Sócrates-Platón. Si en ellos existe alguna afinidad probablemente podríamos ubicarla en su crítica de la doxa (ligada a la existencia cotidiana) como inicio del camino hacia la verdad, el bien y el ser. Desde este punto de vista, Pablo de Tarso sería una de las raíces del pensamiento crítico, y no de las primeras. Su especificidad consistiría en la crítica ya no de la doxa sino de las instituciones y especialmente de la ley animada por la codicia que entra en conflicto con el amor al prójimo: “Transforma al  prójimo en el objeto de explotación en función de la maximización de la propia codicia. El otro deja de ser sujeto y por eso deja de ser el prójimo”. El pecado se comete en el cumplimiento de la ley (págs. 78-79, "La maldición..., itálicas no están en el original.) Hinkelammert establece una asociación directa entre esta observación de Pablo de Tarso y el criterio de Marx acerca del contrato salarial capitalista: “La órbita de la circulación o del cambio de mercancías, dentro de cuyas fronteras se desarrolla la compra y venta de la fuerza de trabajo, era en realidad el verdadero paraíso de los derechos del hombre. Dentro de estos linderos, solo reinan la libertad, la igualdad,  la propiedad y Bentham. ¡Libertad! Pues ni el comprador ni el vendedor de una mercancía actúan por coacción. Por el contrario, solo son movidos por su libre albedrío. Contratan como personas libres y poseedoras de los mismos derechos. El contrato es el libre producto en que sus voluntades encuentran una expresión jurídica común. ¡Igualdad!, pues solo se relacionan entre sí como poseedores de mercancías, e intercambian equivalente por equivalente. ¡Propiedad! ”, pues cada uno dispone nada más de lo que le pertenece. ¡Bentham!, porque cada uno de ellos solo se tiene en cuenta a sí mismo” (El capital, Cap. VI, Sec. Segunda).

3.1.- Para fijar la relación entre Marx y Pablo de Tarso, Hinkelammert ha recurrido a Gálatas 3, 18 y 1Corintios. El texto de Gálatas referido muestra una  clara oposición entre la Ley (humana o judía o mosaica) y actuar de acuerdo con la fe de Jesús: “¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la Ley o por el escuchar con fe? (…) Aquel, pues, que os da el Espíritu y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la Ley o por el oír con fe?” (itálicas no están en el original). ‘Espíritu’ es lo que anima a la acción. La Ley contiene un animador ‘falso’, la carne, estimulada por intereses particulares que hacen desaparecer la comunidad de Espíritu (de los creyentes). El Espíritu produce vida. La Carne, así entendida, mata. La fe en el espíritu es transferida por Pablo de Tarso a Abraham: “Sabed, por tanto, que los que tienen fe, éstos son hijos de Abraham”. La fe salva, la Ley maldice: “«Maldito sea el que no permanezca en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para cumplirlas.»” El cumplimiento de la Ley se sigue de una compulsión impropia, situacional, exterior. No se trata de una espiritualidad (interna), de una subjetividad que potencia comunidad. “Y que por la Ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque «el justo por la fe vivirá». La Ley es la que mata a Jesús: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»)”. Al ser asesinado por la Ley (judía/romana) Jesús (Pablo escribe Cristo) redime a todos. Es la observación sobre el universalismo de la fe si se expresa cierta espiritualidad (pág. 140).

3.1.1.- En el seminario, ‘universalismo’ designa una universalidad falsa, ideológica por abstracta. El término adecuado sería ‘universalidad’ que designaría una realidad situada que nunca ha existido para la especie, pero que puede remitir un horizonte que anima a diversos o plurales. ‘Universalidad’ sería una referencia política. Los universalismos, como los humanismos, se mantendrían abstractamente en el campo de la ideología. Constituirían la negación falsa de la Ley.


3.2.- Sigue Pablo en Gálatas: “Entonces, ¿para qué sirve la Ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia (Jesús de Nazaret) a quien fue hecha la promesa; y fue dada por medio de ángeles en manos de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno” (ni itálicas ni el paréntesis están en el original). La Ley fue circunstancial. Dios (y su descendencia/mediación, Jesús) eterno y uno. “Pero la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuera dada a los creyentes”. La ley es romana o mosaica o costarricense. Pero la fe de Jesús de Nazaret se sigue de la promesa/pacto de Dios y es fuerza (espiritualidad) para todos (universalidad) aunque sus corporizaciones se muestren diversas.

3.2.1.- Este párrafo cierra Gálatas 3: “Pero antes que llegara la fe, estábamos confinados bajo la Ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe. Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo un guía, porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente descendientes de Abraham sois, y herederos según la promesa”. Es una buena síntesis que condensa y añade. Y que Hinkelammert entiende como aporte/raíz de Pablo de Tarso al pensamiento crítico. Pero, como se advierte, las ‘trasgresiones’ mencionadas por Pablo resultan situacionales y propias de la ausencia de una fe religiosa (trascendental) que no ha sido ‘revelada’, de modo que se vive en la codicia que se manifiesta como orden/violencia necesarias en ausencia de fe. Esta última a la vez sólo es de aquellos que la sienten/eligen (comunidad de fieles) o que la reciben como gracia. Históricamente no es universal aunque comprende no solo a judíos sino también a gentiles.
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LA MALDICIÓN QUE PESA SOBRE LA LEY EN 1 CORINTIOS


1.- La Carta a los Corintios (1 Corintios) es un texto largo que interesó particularmente a Hinkelammert ya en el capítulo I de su trabajo, “El juego de las locuras”. Su interés se centra en la determinación que Pablo de Tarso hace a una comunidad de fe cristiana (que parece tener distancias políticas, o sea de ordenamiento/violencia internas) sobre el carácter de su espiritualidad (es decir lo que anima su actuar). Aparece en el siguiente texto: “…para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. Sabemos, por Hinkelammert, que esta sabiduría de los hombres resulta locura ante los ojos/poder de Dios. Pablo de Tarso ‘habla de sabiduría’ “… entre los que han alcanzado madurez en la fe; no la sabiduría de este mundo ni de los poderosos de este mundo, que perecen. Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la cual ninguno de los poderosos de este mundo conoció, porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de la gloria” (itálicas no están en el original.

1.1.- En el polo positivo, del texto, se encuentra el poder de Dios que se expresa mediante una sabiduría oculta, misteriosa, que se encarna en un Jesús de Nazaret que muere y es resucitado por ese poder misterioso del que él mismo es parte. El poder de Dios resulta misterioso e incomprensible (locura) a los ojos de los poderosos que viven para este mundo cuando se ha de existir para el otro o nuevo mundo, el expuesto por la crucifixión y la muerte (mediadas por transferencias de poder a los humildes) resuelta con la resurrección de la carne. Una parte del mensaje es, por tanto: no vivan para este mundo de locura egoísta y codicia, de disputas, sino para el mundo oculto de un Dios sabio que ha resuelto desde siempre la salvación para quienes confían en su locura (la de Dios). La locura de Dios es sabiduría primera y última para los creyentes: salva, aunque parezca no emancipar. ‘Sabiduría consiste aquí en saber hacer. Salomón, por ejemplo, es sabio porque “sabe hacer” (o sea siente, discierne y procede/imagina). Sin embargo, también es rey (y concentra gran poder) y se extravía en la riqueza y las sensualidades del poder. Luego, se arrepiente. Sabio es ahora quien sabe hacer desde la oculta, y primera y última, sabiduría de Dios (locura para la mayoría de seres humanos). Hinkelammert desea traducir esta sabiduría como opción por los pobres (o empobrecidos por los poderes de este mundo, que son locura a los ojos de Dios), opción por la cual se puede llegar al sentido de lo real, divino o no divino.  Jesús de Nazaret resulta ser encarnación divina que anuncia, con su cruz, muerte y resurrección, la Buena Nueva: la salvación consiste en asumir la locura divina que hace de los empobrecidos sitio (lugar epistémico, político, cultural) de una sabia esperanza trascendental.

2.- La Carta 1 a los Corintios sin embargo, por su extensión, y porque parece estar dirigida una comunidad que albergaba tensiones internas, contiene otras posibilidades de lectura. Se da aquí un ejemplo tomado del capítulo 11 de la Carta. Remite a las relaciones jerárquicas, es decir políticas porque determina deseos/comportamientos, en el seno de la comunidad de fe: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo. Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, deshonra su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, deshonra su cabeza, porque es lo mismo que si se hubiera rapado. Si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. El varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón,  pues el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón;  y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.  Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer ni la mujer sin el varón, porque, así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios (…). Con todo, si alguno quiere discutir, sepa que ni nosotros ni las iglesias de Dios tenemos tal costumbre”. La última oración quizás suavice (o torne más dura) la consideración respecto a que si en la comunidad de creyentes (todos animados por la sabiduría de Dios) se subordina a las mujeres, y especialmente en lo que toca a la oración, entonces ellas serán las producidas como empobrecidas en el seno de esa comunidad. En ellas se mostrarán la cruz y la resurrección. Los varones, en cambio, expresarían la locura del mundo (un tipo de vanidad/poder ligada al cuerpo mortal). Y el asunto ni siquiera amerita discutirse.

2.1.- Otro texto de 1 Corintios parece orientarse en sentido parecido al que acaba de mostrarse. Está en el capítulo 6: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,  ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos de vosotros, pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios”. Aquí quienes hacen violencia a los injustos solo retóricamente están animados por la codicia (que es el mandamiento que Hinkelammert privilegia [págs. 77-79 de La maldición que pesa...]). Los mueve un desagrado espiritual personal ante lo que estiman ‘vicios’ o ‘perdiciones’. Y las categorías que utiliza Pablo de Tarso no permiten la generalización conseguida por una enumeración: ‘afeminados’ y ‘homosexuales’ no coinciden con ‘idólatras’. Los primeros podrían asumir la espiritualidad de Jesús de Nazaret (entrega, cruz, resurrección), sabiduría de Dios. Sus opciones sexuales o ‘modos’ no influyen en esto. Los últimos en cambio se han entregado a la locura de este mundo de poderes que ellos estiman sabiduría. El borracho (y los hay de distintos tipos), no es idéntico, por su carácter, al ladrón. Y estos últimos también pueden diferenciarse. Un ladrón puede robar a quien poco o nada tiene y sumirlo en la desesperanza ya que lo ha perdido todo y nadie le ayuda en esa circunstancia (entre otras cosas porque no se le cree cuando afirma haberlo perdido todo). Y un gran comerciante puede “robar” por distintos medios a quienes tienen algo o mucho y estos últimos ni siquiera lo advierten. Situaciones diversas en las que se generan “empobrecidos” no necesariamente pueden incorporarse en una generalidad. La secuencia enumerativa de Pablo de Tarso resulta muda, por insuficientemente determinada o abstracta.

3.- Lo inmediatamente anterior carece en realidad de importancia (el texto de Pablo de Tarso es situacional) excepto por un alcance: de 1 Corintios no se puede seguir un planteamiento político-epistémico único (como la opción por los empobrecidos, por ejemplo) excepto que se lo lea selectiva o fragmentariamente y se lo aísle de su eje comunicativo. Está dirigido a una naciente comunidad de fe religiosa que experimenta desagregaciones internas quizás derivadas de la locura de este mundo.

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HINKELAMMERT Y LA TEOLOGÍA LATINOAMERICANA DE LA LIBERACIÓN

1.- Se ha indicado que la obra de Hinkelammert puede inscribirse tanto en los esfuerzos regionales de una Teoría de la dependencia (economía política, sociología, política-cultura) como en una Teología latinoamericana de la liberación (también se le puede considerar en el campo del filosofar desde América Latina). En su libro “La maldición que pesa sobre la ley…” dedica un capítulo completo (el 9, instalado en la Segunda Parte, sección cuyo eje es la Crítica de la religión) a un texto de Clodovis Boff, Teología de la liberación y vuelta al fundamento, en el que éste rompe intelectual y políticamente con la teología (latinoamericana) de la liberación que él contribuyó a fundamentar. La importancia de insistir en que se trata de Teología ‘latinoamericana’ de la liberación es que en las teologías de la liberación con referente popular considerar el punto de la identidad social y personal del creyente religioso resulta indispensable. Dios no habla/interpela  al ‘hombre’ (ser humano) abstracto, o desde una institución sino al creyente religioso en situación (producido como afroamericano, mujer rural, estudiante universitario o ciudadano). Así, no resulta afortunada la propuesta de que esta teología podría resumirse en la tarea de “cómo decir a los pobres que Dios los quiere” (giro atribuido a Gustavo Gutiérrez por Jon Sobrino, en Mysterium Liberationis, t. I, pág. 12) porque un empobrecido es siempre alguien producido socialmente como tal y por ello resulta un empobrecido en situación (indígena rural, mujer de La Carpio, teólogo diocesano, etc.), relacional.  La importancia política del punto es que cuando Dios habla (Revelación) a un indígena rural es para interpelarlo sobre su situación de discriminación e interrogarlo acerca de qué está haciendo, y con quienes, para superar o resolver esta discriminación. Por estos caminos es que se mueve una Teología latinoamericana de la liberación.

2.- En el segundo párrafo de su capítulo, Hinkelammert aclara que no le interesa tanto la corrección o incorrección (verdad o falsedad) del planteamiento de C. Boff, sino de tornar explícito el punto de vista desde el cual puede aparecer como cierto lo que sostiene. Llama a este punto de vista ‘marco categorial’ desde el cual argumenta y juzga. En términos básicos puede decirse que C. Boff identifica tanto la creencia religiosa cristiana como al Dios que la excita con una institución: la iglesia católica.

2.1.- Lo principal del texto que Hinkelammert utiliza para discutir con C. Boff es lo siguiente: “Si Benedicto XVI fue teológicamente acertado al abrir la Quinta CELAM, al declarar: “la opción por los pobres está implícita en la fe cristológica”, entonces queda claro que el principio-Cristo incluye siempre al pobre, sin que el principio pobre-incluya necesariamente a Cristo. En otras palabras: para ser cristiano es absolutamente preciso comprometerse con el pobre pero, para comprometerse con el pobre, no es necesario, en absoluto, ser siempre cristiano. //Además la metodología de Aparecida (nombre de una ciudad brasileña) es más lógica: de Cristo se va necesariamente al pobre, pero no necesariamente del pobre a Cristo. Por todo ello, la metodología de Aparecida puede incluir la de la TL, y puede fundamentarla, pero la inversa no es posible” (itálicas han sido puestas por Hinkelammert; el paréntesis es nuestro).

3.- Hinkelammert va a centrar su crítica del texto de C. Boff en la sentencia: “…de Cristo se va necesariamente al pobre, pero no necesariamente del pobre a Cristo”. La opción por un central Cristo abstracto resulta monopolio de una institución, pero la opción por los pobres (empobrecidos) puede hacerse desde muchas fuentes sociopolíticas (Marx, Gandhi, Rosa Luxemburgo, son mencionados por Hinkelammert) y contiene además una universalidad: donde se opta por los empobrecidos, ahí está Dios. La opción ideológica universalista por una abstracción que es centro de una institución clerical (pudo ser el mercado, la guerra, el fútbol, etcétera) es una expresión de fetichismo, o sea de idolatría. C. Boff opta por un fetiche que mata, no por un Dios que llama a la vida y por un Jesús de Nazaret que opta por los empobrecidos bajo la forma universal no institucionalizada de manera precisa: una familia de prójimos, una economía de prójimos, una sociedad de prójimos… derivada de la fe de Jesús de Nazaret (él mismo un prójimo, un ser humano, un Dios determinado como carne) contiene una universalidad en la que caben muchos rostros (diversidad, pluralidad) y que solo rechaza la deificación de determinadas espiritualidades animadas por la codicia (gula/codicia por el dinero, por el poder) que se plasma en instituciones a las que se sacraliza. Jesús de Nazaret (o Cristo) fue sacrificado por el poder (pág. 257). Las codicias matan aunque se materialicen como iglesias.

4.- Hinkelammert concluye que a C. Boff lo anima (espiritualidad) el miedo ante una amenaza: “Cuando la legitimidad de las iglesias qua institución es subvertida desde adentro por su propia Buena Nueva, las iglesias se sienten amenazadas” (pág. 257). Por esto C. Boff  resulta “extremadamente agresivo” y recomienda fumigar a la teología latinoamericana de la liberación (pág. 267). Como experimenta a Dios a través de las autoridades y de las instituciones, desea extirpar todo movimiento anti statu quo (crítico).
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[El texto completo de C. Boff se encuentra, por ejemplo, en http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2008/06/19/clodovis-boff-teologia-de-la-liberacion-]

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HINKELAMMERT CRITICA A C. BOFF: LA OPCIÓN POR LOS POBRES

1.- Hinkelammert sostiene que la opción por los pobres no puede conferir identidad sustancial al cristianismo porque se trata de una “opción humana” que se encuentra en otras corrientes de pensamiento cultural-religiosas y político-culturales. En Marx, por ejemplo, aparece bajo la fórmula ‘ninguna religiosidad que disminuya al ser humano’: “La crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el ser humano es el ser supremo para el ser humano, y, por consiguiente, en el imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el ser humano sea un ser humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable” (pág. 182, itálicas no están en el original). Nótese que el texto de Marx, el enfatizar las relaciones, no habla de pobres sino de empobrecidos.

1.1.- El paso conceptual desde ‘pobres’ a ‘empobrecidos’ implica el tránsito desde la conciencia de un estado o presencia exterior a mí: ‘he ahí un pobre’ o ‘me conmueve esta pobreza’, a una conciencia de empobrecidos determinados como tales por relaciones sociales (en las que concurro) sistémicas. Hinkelammert suele referir en este campo una sentencia de Desmond Tutu: “Yo soy si tú eres” (La maldición que pesa sobre la ley…, pág. 110). La versión político-conceptual más propia es: “Si tú no eres, yo tampoco soy”. Esta última versión indica que la producción de humanos empobrecidos, sistémicamente vulnerables, empobrece a todos, incluyendo al obispo Tutu (cuya jerarquía se desvanece). En esta última versión, una praxis que apodera todos, o la universalidad de la praxis, aparece como proyecto político necesario.

2.- Hinkelammert destaca que el mensaje cristiano originalmente generó una forma de vida que expresaba una contracultura en el marco del imperio romano: “… eran los cristianos casi los únicos que articularon la opción por los (empobrecidos) y la vivieron. Pero la opción por los pobres era solamente de hecho una opción de los cristianos. Hizo ver una nueva dimensión (ethos alternativo) de lo humano. Pero en cuanto se reconoce la opción por los pobres como una dimensión de todo humano, deja de ser específicamente cristiano” (pág. 256, paréntesis no están en el original). En su crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, Marx no se refiere a todos los seres humanos, sino a la conciencia de los alemanes y de algunos otros europeos. Pablo de Tarso tampoco remite a todos los seres humanos en 1 Corintios, sino a quienes conforman “…la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”, o sea a una comunidad de fieles religiosos que comparten una espiritualidad y rechazan la hegemónica del imperio (quizás centrada en la codicia). Entre estos fieles podían darse opulentos que compartían sus bienes y empobrecidos económicos porque lo que los mantenía congregados era una fe religiosa que les prometía una salvación próxima. Pero en el seno de esta comunidad se generaban asimismo empobrecidos (humillados, sojuzgados, en el lenguaje de Marx), sistémicos, las mujeres, por ejemplo.

2.1.- Así, la referencia de Hinkelammert a 1 Corintios no es enteramente apropiada. Es correcta cuando relaciona la fe cristiana con un testimonio y no con una doctrina e institución “No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo” (itálicas no están en el original). No es lo que dice Pablo, sino su anuncio de la Buena Nueva: la encarnación, la cruz y la resurrección de quienes testimonien la fe de Jesús. El comentario de Hinkelammert es correcto en cuanto enfatiza que Pablo de Tarso “relativiza a la iglesia como institución”. La comunidad de fieles vale solo en cuanto testimonia/encarna una espiritualidad que contiene una universalidad como posibilidad (relaciones en las que nadie resulte humillado ni sojuzgado, empobrecido). También es adecuado, aunque excesivo, el comentario que Hinkelammert realiza de 1 Corintios 27-29: “Considerad, pues, hermanos, vuestra vocación y ved que no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”. En la comunidad se dan y expresan algunos ‘sabios según la carne’ y ‘poderosos y nobles’ y también ‘necios’, ‘débiles’, ‘viles’ y quienes ‘no son’ (según la espiritualidad hegemónica). Hinkelammert escribe: “… Pablo constata que los plebeyos y los despreciables son los escogidos de Dios (…) Los escogidos de Dios no son los cristianos, tampoco los judíos. Son los plebeyos y los despreciados de todo el mundo. Tampoco la iglesia es escogida. Una convicción de este tipo subvierte todas, pero realmente todas las instituciones. Todas tienen que medirse por este criterio”. No todo lo que encuentra Hinkelammert en 1 Corintios, 1 lo encontrará todo quien lo lea. Sin embargo el punto de subversión de todas las instituciones que disminuyan a los seres humanos puede encontrarse en Marx. Incluso en un texto tan temprano como la Introducción Para la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel (1844).
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